VIA FERRATA DE DAUBENHORN - SUIZA


1.000 METROS DE PARED


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19 de julio de 2009
Ni lo teníamos claro ni sabíamos a lo que íbamos a enfrentarnos, y nada más faltaba el recepcionista del hotel de Leukerbad diciéndonos que estábamos locos si iniciábamos los más de mil metros de pared vertical de la vía ferrata de Daubenhorn, en las condiciones que se encontraba. Un poco inconscientemente le comento que vamos preparados, que llevamos casco y multitud de material... me mira seriamente y me pregunta si mi casco de plástico puede aguantar el golpe de una piedra de cinco kilos que me cae encima después de 500 metros de descenso vertiginoso... o más. Ha nevado mucho estos últimos días, sentencia, hay desprendimientos a cada momento. Somos las únicas voces discordantes, más que una pizzería para cenar parece que estemos en el Liceo. Nuestro alegre parloteo a medio tono resalta entre la multitud de suizos, sentados por parejas en cada mesa, que cenan sin decirse palabra y nos miran de hito en hito. Una camarera portuguesa se une a nuestro pequeño jolgorio y acepta y devuelve nuestras bromas con alegría. Pronto es reprendida por el que parece ser el “metre” del lugar. Yo no quiero una vida así. Allá ellos si así la prefieren. Veinte de julio de dos mil nueve Aunque no recuerdo a que hora, nos hemos levantado muy pronto. Una enorme pared que domina toda la población de Leukerbad nos espera. Al principio de la ascensión, los que montaron la vía, han colocado una bandera suiza... al principio de la ascensión repito, y desde nuestra posición (aun no hemos llegado al teleférico) aparece en la enorme pared, dibujada en la lejanía, como un diminuto puntito rojo y blanco. El teleférico se eleva lentamente para mostrarnos un zigzagueante camino de descenso en medio de la roca, que se dibuja entre pequeñas praderas levantando nuestras exclamaciones de admiración. Poco después ya estamos a 2.100 metros de altitud. Un estrecho pasillo nos lleva al final del edificio, donde una puerta nos mostrará el camino de descenso, de unos 200 metros de desnivel, que nos lleva al principio de la vía. En medio de ese pasillo Jordi muestra su humor más negro: -Parece el corredor de la muerte- suelta sin el menor remordimiento. El camino va intercalando algún tramo de escaleras de piedra hasta que, en medio de un recodo, aparece un letrero a mano derecha, que anuncia el inicio de la vía ferrata. Puntos amarillos dibujados en la pared nos van mostrando el camino. Al principio se trata de un fácil y largo flanqueo hacia el oeste donde, en algunos tramos, se eleva la dificultad por la apari- ción de pequeñas cascadas que caen sobre nosotros desde decenas de metros de altitud. Algún pequeño paso (siempre flanqueando hacia el oeste) nos lleva hasta un resalte rocoso donde ya vemos los cables de vida que dan inicio verdaderamente a la vía. El pueblo de Leukerbad, omnipresente, se muestra a nuestros pies decenas de centenares de metros más abajo. Cuatro “ferrate- ros” que han iniciado la vía poco antes que nosotros, nos muestran lo peligrosa que puede ser. La multitud de rocas sueltas que pululan a nuestro alrededor nos confirman que no podemos confiarnos. Muy mal por estos suizos. Los peldaños no son tales; se trata de simples clavijas clavadas en la roca, clavijas que aparecen como cuchillos hincados verticalmente en la roca. Una simple caída de unos pocos metros podría despanzurrarnos al dar con ellos. Después de elevarnos por en medio de dos impresionantes resaltes rocosos jalonados de pequeños descansos, damos con una enor- me pared vertical que ascendemos con dificultad. Ya hemos subido más de 200 metros y estamos a la misma altura que el lejano edificio donde nos ha dejado el teleférico. Una impresionante vista de cumbres nevadas nos rodea. Nuevo tramo vertical. Aparecen las primeras escalas metálicas que facilita su ascenso. En medio de ese ascenso hay una repisa que me sirve para sentarme de cara al vacío y así poder filmar a mis compañeros que van ascendiendo detrás de mí. Juan, Jordi y Miquel. – Extraploma un poco- me comenta Joan. Nuevo resalte rocoso de descanso, nueva pared vertical con tramos de escaleras. En medio de ella la enorme plancha de madera que ha resultado ser la que creíamos, diminuta bandera Suiza. Debe de medir unos tres metros por tres. La respiración ya se hace entrecortada y aparece multitud de veces, sonora, en la filmación que realizo de esta bonita aventura. Nueva y enorme repisa repleta de praderíos. En medio de ella una pequeña construcción rocosa y un letrero que nos muestra el camino que discurre, en un nuevo flanqueo hacia el oeste, por la base de una enorme pared vertical. Allá, en la lejanía, descubrimos a los que nos preceden que han iniciado ya el ascenso de otro tramo. Después del flanqueo la pared se une perpendicularmente a otra y, por el ángulo que crean, subimos por paredes verticales donde nos ayudan, en algún lugar, un par de escaleras. Una enorme cascada nos lleva a la que hemos bautizado como “Porta Coeli” Puerta del Cielo (nunca mejor dicho), que se dibuja entre el estrépito del agua al caer desde tanta altura. Si, allí en medio, en las alturas, soltando un desbocado chorro de agua, descubrimos la deseada chimenea en la que nos hemos de adentrar. Aun nos separan de ella un centenar de metros de desigual pared, que ascendemos entusiasmados ante el deseado reto que se nos presenta... la cueva vertical. Me adentro en ella, me rodea la oscuridad, enciendo el frontal. El sonido del agua retumba en las paredes, se hace ensordece- dor, lo llena todo. Vuelvo la vista atrás, Joan se está internando también en la chimenea. Su negra figura se recorta en la claridad del exterior, con el pueblo en la distancia sirviendo de fondo. Consigo una bonita fotografía. Tramo fácil y tramo difícil, unos optan por el primero, otros optamos por el segundo. No diré quienes escogieron el más fácil. Llegamos a la base de un gran salto de agua helada. Los que hemos decidido la ruta difícil lo sorteamos en la negrura, después de ascender una dura pared extraplomada, por medio de un vacilante puente ayudado con un cable. Los que ha optado por la ruta fácil se encuentran con un inconveniente, el chorro de agua de temperatura cercana a los 0 grados les cae totalmente encima. Al fondo, sobre nuestras cabezas, la luz. Ascendemos un nuevo tramo de escaleras donde el agua salta por medio de ellas. Las cámaras se empiezan a empapar... dudo, desciendo unos metros, intento secarlas, se han mojado, todo yo estoy moja- do. Salimos del agujero entre chorros de agua. El angosto lugar está lleno de pequeños tramos extraplomados. El esfuerzo de brazos en continuo. Logramos relajarnos en un pequeño flanqueo hacia el este. Seguimos rodeados de paredes y cascadas. El flanqueo nos lleva a una nueva pared vertical llena de pequeños y discontinuos extraplomes. El trabajo es intenso, durísi- mo. Es la vía más exigente que he realizado jamás. Los peldaños se muestran amenazadores sobre nuestras cabezas, parecen ar- pones. Una mirada hacia abajo nos descubre la enorme “olla” de la que salimos. No me cabe ninguna duda de que la larga chime- nea la ha formado ese continuo salto de agua. Gritos ¿hemos soltado sin querer alguna roca? El golpeteo de la piedra lo oímos durante unos segundos acompañado de chillidos de pánico. Parece ser que nos siguen, no sabemos que les ha podido pasar. Ascendemos hasta un resalte donde descansamos. Dibujado hacia la derecha, aparece una nueva vía, vía Const, dice el rótulo... Llegan los que nos seguían, nos hablan en inglés de las rocas que les han llovido. Risas, bromas. Dos nos choteamos de los otros dos que han optado por la ruta “fácil”. No se lo contaremos a nadie, repetimos. Los dedos corazones de esos dos, colocados verticalmente, me indican lo que piensan cuando les digo que no colgare ese tramo de filmación en YouTube. Yo siempre cumplo mi palabra... jejeje. A partir de este lugar la dificultad es menor. Eso si, después de una gran pared nada vertical, nos espera una bonita arista, que atravesamos con parsimonia. Desde ahí descubrimos la parte final de la vía coronada por la enorme escalera de la que nos hablaba alguna reseña de Daubenhorn. Un nuevo flanqueo, esta vez corto y hacia el este, nos deja a los pies de esa escalera. La ascendemos lentamente en dirección hacia una grieta que se recorta en el cielo azul... estamos en la base de una pequeña tartera que nos deja en la cima del pico Daubenhorn, de 2.942 metros... ¿Qué mas queremos? Hoy hemos realizado dos de las actividades que más nos gustan, las vías ferratas y el montañismo. Hoy hemos estado 6 horas y 15 minutos para poder ascender una pared de mil metros. FICHA TECNICA: Dificultad: Muy alta. Se ha de estar en una forma física muy buena. Sin encontrar a nadie en la vía que entorpezca, se nece- sitan más de seis horas para realizarla. Varios extraplomes y la cueva aumentan la dificultad, máxime si la cueva lleva agua. El riesgo de caída de rocas es evidente, sobre todo en época de deshielo, que es muy larga ya que en julio hacía poco que había nevado se estaba deshaciendo la nieve que había caído un par de días antes. Recomiendo consultar la web oficial de la zona de turismo de Daubenhorn ya que en ella indican cuando preven abrir la vía, ya que la mayoría del tiempo permanece ce- rrada por riesgo de aludes. Material mínimo: Casco, arnés, disipador, cuerda de 60 m.(necesaria en caso de accidente), ocho, guantes, cintas express, además de chaqueta, capelina y botas (en la mochila) por el riesgo de frío, lluvia y nieve en la vía y al acabarla, ya que finalizamos el recorrido en la cima de un pico de casi 3.000 metros y, para descender al teleférico, se ha de atravesar un pequeño glaciar. Rafa Montoliu


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