Petra (al-Batrã' Al-Jazneh o el Khazneh) - Jordania


Cansado de verla en documentales? Nada parecido a la realidad



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Diciembre de 2018
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Después de los días pasados en el desierto de Wadi Rum estábamos un tanto abatidos, nuestros días en Jordania se estaban acabando. Quedaba aun la visita a Petra, pero la habíamos visto en demasiados documenta- les y teníamos la sensación de que íbamos a visitar el típico lugar para guiris... nada más lejos de la realidad. ¡Claro! habíamos visto la película de Indiana Jones "La última cruzada" y creíamos que esas ruinas tan maravillosas unicamente nos deparaban la visión del Tesoro; craso error. La entrada al recinto similar a la de cualquier parque temático, si no fuera porque los accesos se iban angostando indicándonos que nos acer- cábamos a un estrecho cañón. Ahí es nada, pues resulta que la garganta mide aproximadamente 1,5 kms. de largo. Al poco de iniciar el recorrido nos encontramos con el primer monumen- to funerario, la tumba llamada de los obeliscos; nombre muy adecuado como podéis ver por los cuatro obeliscos de su parte superior. Esas magnificas ruinas de hace un milenio o más nos empezaron a entusias- mar, quizá no debiéramos estar tan deprimidos. Iniciamos la garganta. Se va estrechando tan rápidamente que nos deja boquiabiertos por lo angosto del lugar, lo fácil que debió resultar defenderlo y la infinidad de dibujos laboriosamente labrados y canali- zaciones que contiene. El desfiladero por el que discurren nuestros pasos (llamado Siq por los árabes) está perfectamente canalizado... en sus días el agua corría a borbotones por él, para proveer a la ciudad (dicen algunos que llegó a tener 30.000 habitantes) abundantemente. Nos estábamos acercando al Tesoro, el guía jordano insistía en que cerráramos los ojos al final del desfiladero, para maravillarnos al llegar a la amplia plazoleta con la icónica imagen del templo / tumba; pero yo, con los ojos bien abiertos, deseaba ver desaparecer poco a poco la angosta garganta y que fuera dando paso, paulatinamente, a la imagen del monumento más conocido de Petra, el Khazneh (Tesoro). Este grandioso monumento de 40 m de alto y 28 de ancho, fué construido en el siglo I a.C. por el rey nabateo Aretas III aunque,probablemente, se trate de un templo o una tumba real dedicada a ese mismo rey. El nombre del Tesoro se debe a la creencia ampliamente difundida de que ocultaba gran cantidad de riquezas, de ahí los disparos que se pueden contemplar desde abajo, realizados por los beduinos según unas versio- nes o por los otomanos según otras y,quizá, por ambos bandos a la vez; con la intención de destrozar las estatuas que ellos creían urnas re- pletas de tesoros. A ambos lados del monumento aun se distinguen los peldaños horadados en la roca por los sufridos constructores. Imagino que más de uno de- bió de dejar su vida durante su ascenso. En la entrada ya se podía contratar un guía, un burro, un camello, o una carreta: todo ello guiado, pero aquí la "oferta" para el turista es mucho más amplia y, comerciantes ataviados de beduinos, claman por su productos en busca de dinero fresco; no te asustes, no agobian como en Egipto, Madagascar u otros lugares similares, Jordania es un país muy avanzado en educación, colegios y universidades públicas. Reconozco mi ignorancia, no me había documentado en absoluto; tantas veces había visto la imagen del Tesoro que pensaba, estúpidamente, que las ruinas de Petra se trataban de su desfiladero y de ese único monu- mento... pero otra estrecha garganta, algo más ancha y muchísimo más corta que la anterior, me sacó de mi error. Al poco de rebasarla, un amplio valle repleto de monumentos y ruinas se abrió ante nosotros. Petra, llamada Raqmu por sus moradores nabateos, fundada en el siglo VIII a. C., una ciudad que había perdurado durante más de un milenio y que había soportado sitios, ganado batallas contra macedonios, isra- elíes, seleúcidas y varias veces contra los romanos (aunque estos úl- timos vencieron al tercer intento); fué abandonada por sus pobladores debido a la pérdida de sus rutas comerciales y, sobre todo, por un terrible terremoto (año 363 d. C.) que hundió la mayoría de sus edifi- cios residenciales, dejando unicamente en pié algunos monumentos y las tumbas horadadas en las mismísimas rocas. Aquí podéis ver los restos de las viviendas, reducidas a escombros, justo detrás del burro. Ya abrevio, que se me va la pinza. En la caminata por el amplio valle interior,podemos distinguir las tumbas de las clases no tan pudientes, las ruinas del teatro romano, las del Gran Templo bordeando la calzada romana; la maravillosa tumba de la Urna y, en su parte final, la tumba Corintia, el conjunto de todas las tumbas Reales y la más moderna pero también maravillosa iglesia Bizantina, con sus espléndidos mosaicos. Para la parte final he dejado el edifico más monumental, el que más me maravilla de todas estas construcciones, Tesoro incluido; el llamado Deir y mal llamado "Templo". Para acceder a él hemos de ascender una larga ruta plagada de escalones y puestos de venta de cualquier cosa; por cierto, donde compré una bonita cajita de hueso de camello (al menos eso parece). Tras más de media hora llegamos a esa edificación empotrada en la roca, construida hacia el año 85 a.C. en honor al dei- ficado Rey de los nabateos Obodas I (ganó un sinfín de batallas); de 50 m. de ancho por 45 de alto. No te detengas ahí, sube un poco más (ya que más da) y llegarás a lo alto de una pequeña colina donde po- drás contemplar ese templo en todo su esplendor. Por cierto, a ver si lo ves, en la primera foto dedicada al Templo y para que te des cuenta de sus dimensiones, se encuentra un asno a sus piés, diminuto él, a- cojonado ante tanta magnificencia, pobrecillo. Ahora si, se acabó la visita a este maravilloso país...
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Rafa Montoliu
Mi correo: montoliu@hotmail.com

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